Las tres vidas de M
miércoles, 16 de abril de 2014
¡¡Feliz cambio de armario!!
Hace poco vi en la tele un anuncio de detergente que decía más o menos que tu ropa eres tú. Y el martes mi peluquera se indignaba argumentando que la ropa es de usar y tirar mientras que el cabello o la piel es para toda la vida. Así nos va.
No sé por qué algún publicista avispado no ha acuñado el término "Feliz cambio de armario". Dos veces al año, debería haber auncios en la TV promocionándolo con alguna estrella del momento. Las revistas se llenarían de recetas para preparar psicológica y físicamente a los millones de hogares. Seguro necesitamos más hidratos de carbono para mitigar los efectos de las agotadoras horas que se consumen o bien más vitamina B12 para recuperar la memoria (¿Dónde iba esto?) Las calles se vestirían con las sonrisas de los vecinos al pasar "¡¡Feliz cambio, Encarni!¿Y tú en cuántos días lo tienes arreglao"?
Pero no. Mientras esa feliz idea llega, nos vemos avocados a vivirlo en silencio. Todo un ritual de cajas y cajones a prueba del paso del tiempo.
Si nos paramos a pensar, nuestra mente tiende a clasificar todo lo que encuentra a su paso en tres categorías bien diferenciadas tipo casting:
1º "Hasta aquí hemos llegado": Estas prendas te recuerdan que tu madre, tu abuela y tu tía llevan toda la razón al decirte que ya no eres una sílfide y que es verdad que el domingo debes ponerte a dieta. Mal, muy mal debes tener tu autoestima si no tiras con saña aquel vestidito con el que todo ser ajeno a tu vida te pregunta "Ay, chica, ¿de cuánto estás? Luego está aquella ropa que te recuerda algún momento enajenado de tu vida cuando te dejaste llevar por un 3X2 ¿Quien no tiene un pantalón marrón chocolate que tiraría no una, sino mil veces?
2º "Sigues con nosotros": Una sonrisilla de placer intrínseco asoma a tu cara cuando compruebas que aún no te estalla el pantalón o que el michelín no se ve tanto con aquella camiseta tan monísima de tu ... ¿adolescencia? Vale, de antes de casarte.
3º "Comodín del público": Confiésalo: nunca, jamás, en tu vida, rematadamente no volverás a ponerte aquella blusa con la que firmastes la hipoteca o llevaste en tu primera visita al pueblo de tu novio de antaño. Ropa sentimental de la que no puedes separarte. Es asombroso la cantidad de momentos vividos que transmiten las prendas de ropa, como te retrotraen a momentos dulces o amargos. Es entonces cuando suena la voz del inconsciente que hace muy bien su trabajo. Te engaña. "Venga, mujer, no lo tires, si está como nuevo, seguro que puedes ponértelo en otro momento. Y aquí ya te camela del todo con esa locución adverbial que te hace enloquecer "Por si acaso"... Por si adelgazas, por si se vuelve a llevar, por si llega a ser vintage... No, hija, no. El único porsi creíble sería eso de "por si tienes una fiesta del pijama con las barbies".
Esta tarde he vivido un fenómeno paranormal en mi habitación. Tras seis bolsas seis de hasta aquí hemos llegado, mi armario parecía la misma columna barroca de siempre. Una amalgama de perchas bien colocadas que durará sólo unos días. No acierto a comprender cómo había acumulado tanta cantidad de ropa absolutamente prescindible. Lo más increible de todo es que necesitaría un armario nuevo para mis nuevos porsi.
Pero no me preocupa. Dentro de seis meses lo tiro. O no.
domingo, 13 de abril de 2014
Todos tenemos tres vidas
Todos tenemos tres vidas: una vida pública, una privada y una secreta.
La pública es la que conoce todo el mundo. Nos permite ganarnos la vida. Está formada por nuestro círculo de contactos personales, los compañeros de trabajo, los amigos que simplemente son conocidos, la gente de nuestro sector profesional. Por suerte o desgracia, se trata de gente con la que solemos pasar la mayor parte del tiempo, de manera que demasiadas veces confundimos esta vida pública con nuestra vida real.
Nuestra vida privada nos da, y a veces nos quita, estabilidad. La forman la familia y los amigos más íntimos. Nos prometemos una y otra vez dedicarle el tiempo que decimos que merece, y a veces hasta casi lo conseguimos, aunque sólo a veces. Nos ofrece descanso, ocio, diversión. Y lo más importante: nos llena con amor.
Pero es la vida secreta la que genera nuestra fuerza vital. Ella es la guardiana de nuestro sueños más intrépidos y en ella nacen la pasión y todas las aspiraciones. Aquí se guardan los sueños que ni siquiera nos atrevemos a compartir, por temor a que nos traten de locos. En la vida secreta las personas están solas, o con algunos compañeros ocasionales de viaje, pero de aquí es donde se fragua su verdadero destino. En lo más profundo del corazón nacen y arrancan todos los proyectos que después pasarán a las demás vidas. Nuestra vida secreta es la esencia de nuestro ser.
A veces concibo mi vida secreta como la parte oculta de un iceberg. La pública y la privada son apenas un pedazo visible de algo mucho más grande y fuerte. Precisamente porque mi vida secreta siempre ha sido extraordinaria, su fuerza me ha permitido reequilibrarme cada vez que en la parte visible he recibido un duro golpe. Mi vida secreta, mis objetivos, sueños e ilusiones han ido e irán fraguándose al calor de una irrefenable pasión por compartir los extraordinarios regalos que la vida me ofrece constantemente.
Xesco Espar, Jugar con el Corazón (2010) RBA
La pública es la que conoce todo el mundo. Nos permite ganarnos la vida. Está formada por nuestro círculo de contactos personales, los compañeros de trabajo, los amigos que simplemente son conocidos, la gente de nuestro sector profesional. Por suerte o desgracia, se trata de gente con la que solemos pasar la mayor parte del tiempo, de manera que demasiadas veces confundimos esta vida pública con nuestra vida real.
Nuestra vida privada nos da, y a veces nos quita, estabilidad. La forman la familia y los amigos más íntimos. Nos prometemos una y otra vez dedicarle el tiempo que decimos que merece, y a veces hasta casi lo conseguimos, aunque sólo a veces. Nos ofrece descanso, ocio, diversión. Y lo más importante: nos llena con amor.
Pero es la vida secreta la que genera nuestra fuerza vital. Ella es la guardiana de nuestro sueños más intrépidos y en ella nacen la pasión y todas las aspiraciones. Aquí se guardan los sueños que ni siquiera nos atrevemos a compartir, por temor a que nos traten de locos. En la vida secreta las personas están solas, o con algunos compañeros ocasionales de viaje, pero de aquí es donde se fragua su verdadero destino. En lo más profundo del corazón nacen y arrancan todos los proyectos que después pasarán a las demás vidas. Nuestra vida secreta es la esencia de nuestro ser.
A veces concibo mi vida secreta como la parte oculta de un iceberg. La pública y la privada son apenas un pedazo visible de algo mucho más grande y fuerte. Precisamente porque mi vida secreta siempre ha sido extraordinaria, su fuerza me ha permitido reequilibrarme cada vez que en la parte visible he recibido un duro golpe. Mi vida secreta, mis objetivos, sueños e ilusiones han ido e irán fraguándose al calor de una irrefenable pasión por compartir los extraordinarios regalos que la vida me ofrece constantemente.
Xesco Espar, Jugar con el Corazón (2010) RBA
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