Todos tenemos tres vidas: una vida pública, una privada y una secreta.
La pública es la que conoce todo el mundo. Nos permite ganarnos la vida.
Está formada por nuestro círculo de contactos personales, los
compañeros de trabajo, los amigos que simplemente son conocidos, la
gente de nuestro sector profesional. Por suerte o desgracia, se trata de
gente con la que solemos pasar la mayor parte del tiempo, de manera que
demasiadas veces confundimos esta vida pública con nuestra vida real.
Nuestra vida privada nos da, y a veces nos quita, estabilidad. La forman
la familia y los amigos más íntimos. Nos prometemos una y otra vez
dedicarle el tiempo que decimos que merece, y a veces hasta casi lo
conseguimos, aunque sólo a veces. Nos ofrece descanso, ocio, diversión. Y
lo más importante: nos llena con amor.
Pero es la vida secreta la que genera nuestra fuerza vital. Ella es la
guardiana de nuestro sueños más intrépidos y en ella nacen la pasión y
todas las aspiraciones. Aquí se guardan los sueños que ni siquiera nos
atrevemos a compartir, por temor a que nos traten de locos. En la vida secreta las personas están solas, o con algunos compañeros
ocasionales de viaje, pero de aquí es donde se fragua su verdadero
destino. En lo más profundo del corazón nacen y arrancan todos los
proyectos que después pasarán a las demás vidas. Nuestra vida secreta es
la esencia de nuestro ser.
A veces concibo mi vida secreta como la parte oculta de un iceberg. La
pública y la privada son apenas un pedazo visible de algo mucho más
grande y fuerte. Precisamente porque mi vida secreta siempre ha sido
extraordinaria, su fuerza me ha permitido reequilibrarme cada vez que en
la parte visible he recibido un duro golpe. Mi vida secreta, mis
objetivos, sueños e ilusiones han ido e irán fraguándose al calor de una
irrefenable pasión por compartir los extraordinarios regalos que la
vida me ofrece constantemente.
Xesco Espar, Jugar con el Corazón (2010) RBA
La vida secreta como la parte ocuta de un iceberg. Me encanta!
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